La Galia romana

“En la hora en que numerosas voces denuncian los males del colonialismo, cuando las naciones colonizadoras se enfrentan a su impopularidad, la Galia romana nos ofrece el precedente de una empresa colonial que, a través de cuatro siglos, aportó grandes beneficios tanto al colonizado como al colonizador”.

Jean-Jacques Hatt, profesor de letras en la universidad de Estrasburgo, es el benjamín de una gran familia de braceros alsacianos. También es arqueólogo aficionado, y uno de los grandes, hay que añadir. Los domingos recorre la campiña a pie señalando todos los lugares interesantes con precisión metódica. Nombrado conservador del museo arqueológico de Estrasburgo, ha publicado varios ensayos sobre los enterramientos galloromanos, sobre la religión celta y sobre Estrasburgo en tiempos de los romanos. Le debemos, especialmente, una bella interpretación (siguiendo los trabajos de Dumezil sobre la ideología tripartita de los indoeuropeos) de los motivos que figuran en las planchas de plata del célebre caldero céltico de Gundestrup.

Andrea Palladio, Gergovia
Andrea Palladio, Gergovia

En cuatrocientas páginas, Jean-Jacques Hatt, utilizando los testimonios de la historia aportados por los descubrimientos arqueológicos, ha puesto los puntos sobre las íes. Su Historia de la Galia romana (Histoire de la Gaule romaine) cubre un periodo que abarca desde el año 120 antes de nuestra era hasta el 451.

La obra está dedicada a los resistentes de Gergovia, aplastados por los legionarios de César. Pero el conquistador también aparece bajo el semblante de una noble figura. El autor no comparte la opinión de Tito Livio, quien consideraba las campañas del procónsul romano contra los helvecios y los germanos, después de la conquista de la Galia, simples iniciativas personales destinadas a debilitar a los “pacifistas” del Senado.

De Bello Gallico

“Observando sus movimientos –escribe Jéróme Carcopino en el prefacio–, César, que tenía en mente la noble visión de un Imperio habitado menos por sujetos que por asociados, intentaba realizar en la Galia una obra parecida a la que Pompeyo había edificado en Asia: pretendía limitarse a rodear la provincia, preexistente, de la Narbonense con una centena de tribus célticas que, elevadas al rango pueblos protegidos por Roma, habrían continuado bajo esta égida, gozando de un régimen que hoy día definiríamos como autonomía interna”.

El destino decidirá de otra manera. En año 58 antes de nuestra era, César es reclamado por los habitantes de la Narbonense, inquietos ante las razzias de los celtoligures y los galos. El protectorado que ha intentado instaurar es un fracaso. La revuelta amenaza. Los embajadores romanos son masacrados en Cenabum. Es el comienzo de la insurrección: De bello gallico.

“La tribu que, en el invierno del –54, da la señal de sublevación es la de los carnutes. César había hecho instalar como rey a Tasgetios, quien fue asesinado por los partidarios de la independencia”.

¿Hay que concluir que los sacerdotes del culto céltico no fueron ajenos a la declaración de las hostilidades? El bosque de los Carnutes era un gran centro de peregrinación en honor de los dioses celtas, y en el lugar donde hoy se levanta la catedral de Chartres todos los años se celebraba la gran convención de los druidas. El responsable de la sublevación fue un tal Gutuater, a quien las crónicas romanas presentan como un hombre ilustrado. “Gutuater”, explica Jean-Jacques Hatt, es un nombre común que significa “gran padre” o “jefe de los padres”, esto es: jefe de los druídas.

Al año siguiente los auvernios se suman a la sublevación. Su caudillo, Vercingetorix, toma el mando de una gran coalición antirromana. Es derrotado. Ordena entonces la táctica de la guerrilla. Es nuevamente derrotado. Después, ordena la táctica de la tierra quemada.

Andrea Palladio, Alesia
Andrea Palladio, Alesia

Las legiones de César siguen avanzando. Vercingetorix razona en términos de “maquis”. Los eudones y los bellovacos se suman al movimiento de resistencia. Pero César, en una magistral maniobra envolvente, sube hasta las fronteras de Germania para atacar desde el Norte en vez de por el Sur. Los galos se retiran a las fortalezas del macizo auvérnico. Es el episodio de Alesia, seguido de la capitulación.

Las tribus que, en año –52, participaron en la defensa de Alesia procedían de todos los rincones de la Galia. El análisis de las armas y aparejos descubiertos en el campo de batalla así lo confirma. Estos instrumentos están expuestos en el museo galorromano de Saint-Germain-de-Laye, inaugurado en 1862 por Napoleón III.

Hermann el querusco

En la sala del museo consagrada a la conquista, se expone una maqueta que muestra los trabajos romanos empleados en el cerco del monte Aixois, las máquinas de guerra, los arietes móviles, las rampas y las catapultas, que atestiguan el mimo y la diligencia de los artesanos del aguilucho [Napoleón III, NdT].

En el año –50, la resistencia es definitivamente liquidada con la sumisión de los armoricanos, los carnutes y los aquitanos. Se conoce la suerte de Vercingetorix vendido como esclavo: Vae Victis!

Quince años más tarde, la conquista es un hecho consumado. La romanización comienza a dar frutos. Las fronteras se estabilizan, los galos muestran una fidelidad absoluta a la dinastía flavia, defendiendo los márgenes ante cualquier amenaza. La Galia deviene romana, durante cuatro siglos, antes de ser merovingia.

Los germanos, por el contrario, se muestran irreducibles. Por las gargantas del Ródano, las legiones se lanzan al asalto de las tierras al norte del Rhin, sin resultados. Flujo y reflujo, avances y retrocesos: todos los inviernos los germanos recuperan las comarcas ganadas por Roma en los vranos. Entre Metz y Estrasburgo, los campos están sembrados por los restos de las batallas.

Un general romano de mediocre envergadura, Quintilio Varo, es cercado por la tribu de los queruscos al mando de Arminius (Hermann), noble germano que antaño sirvió en el ejército romano como oficial. Hostigados desde todos los puntos, las legiones se ponen en marcha y se adentran en los bosques. El asalto final se libra en la región de Detmold. Ningún oficial romano logra escapar de la Selva Negra. Solamente unas pocas decenas de soldados rasos y algún que otro decurión pueden dar testimonio en Roma. De las tres legiones y nueve cuerpos auxiliares, más de 20.000 hombres, dos tercios de las tropas del Rhin, nunca más se supo. Germania escapa al control del Senado.

Durante años, nos cuenta Suetonio, Octavio Augusto solía despertarse a media noche, entre gritos: “¡Varo, Varo! ¿Dónde están mis legiones?”

En el año 14 de nuestra era, Germánico, sobrino de Tiberio, enviado para vengar a Varo, se empeña en una campaña de masacres y devastaciones entre el Rhin y el Lippe. El santuario más célebre de toda Germania, el pilar de madera que representa a Wotan, en Tanfana, es destruido. Pero dos años más tarde, la flota enviada por Germánico para atacar la retaguardia germana naufraga frente a la isla de Albacia (Helgoland). Los germanos nunca cedieron en su independencia y, hoy en día, la estatua de Hermann el querusco se alza en el bosque de Teutoburgo.

Roma, con el devenir de los tiempos, sería destruida por aquellos a los que quiso someter. Las primeras invasiones de los alanos y los vándalos no llegarán hasta el año 352. Durante tres siglos los germanos no pudieron ni pensar en tomar represalias contra el enemigo.

Jean-Jacques Hatt observa: “Basta pensar en las dificultades del ejército francés para asegurar la frontera argelina para constatar que, con cuatro legiones y las complementarias tropas auxiliares, unos 50.000 hombres, los romanos se bastaron para asegurar durante doscientos años la frontera renana, el Mar del Norte y el alto Danubio. Nos es forzado concluir que las tribus germanas no quisieron, voluntariamente, forzar las defensas y que prefirieron vivir en buena inteligencia con sus vecinos”.

El contraste entre la actitud de los galos y la de los germanos es flagrante. Solamente la Galia conoció las ventajas de la romanización, aunque siempre se reservó ciertas características de su personalidad.

“¿Cómo fue que estos galos, que entre los años 58 y 50 aC lucharon fieramente por su independencia, durante el reinado de Nerón fueron los sujetos más leales al Imperio Romano?”

El espíritu “provinciano” de la Galia conquistada

Jean-Jacques Hatt responde que, a principios de nuestra era, la Galia era el teatro de operaciones de importantes intercambios culturales y comerciales.

“El helenismo había abierto el camino a la romanización, y por esta vía los galos pronto se convirtieron en ciudadanos romanos”.

Después de haber sufrido bajo Calígula, la Galia respira durante el gobierno de Nerón. “El reinado de Nerón está marcado por una preocupación sistemática por las provincias occidentales. Los progresos, en el sentido de una asimilación económica y cultural y una integración política, continúan penetrando en la Galia. En ella se desarrolló un espíritu provinciano, que en nada tiene que ver con un nacionalismo indígena, sino más bien de conciencia romana y de reacción contra los excesos de la capital y del núcleo imperial”.

Marco Aurelio (161-180) es uno de los últimos grandes emperadores romanos. Filósofo estoico, fue el representante de un ideal “que el paganismo había elaborado por la mezcla y posterior selección de lo mejor de las religiones paganas y las filosofías griegas”.

Poco después, los cristianos aparecen en Lyon. La población no les presta atención. Una carta dirigida por los lyoneses del partido cristiano a sus hermanos de Oriente “provoca que la comunidad cristiana, hasta el momento poco numerosa, se reclute esencialmente entre los elementos orientales, especialmente entre los asiáticos y los frigios”. Eusebio menciona a diez mártires, entre los que se encuentra Potino, diácono de Arlés. Es el principio de un enfrentamiento entre el culto naciente y el paganismo galorromano. La evangelización comienza en el siglo II, con Ireneo.

Después del asesinato de Caracalla, en el 217, el Imperio Romano degenera rápidamente. Macrino se sumerge en las devociones y los vicios. El sirio Heliogábalo, gran sacerdote de Baal, es proclamado dios supremo del Imperio. Las princesas exóticas reinan sobre la ciudad de Catón. La economía está en crisis. Los esclavos se sublevan. Una vez desaparecida la dinastía de los Severo, se suceden los periodos de anarquía. Roma ya no es Roma. A cada pronunciamiento, el ejército del Rhin a de acudir para poner orden, abandonando las fronteras y abriendo el acceso de la Galia a los francos y los alamanes.

Una especie de imperio galo se esboza en la Galia del norte y del noreste. El país se divide en una Diócesis de las Galias, al norte del Loira, y una Diócesis de Arlés, que comprende Aquitania, la Narbonense y los Alpes hasta Ginebra.

El ascenso de Constantino, con el edicto de Milán, abre un nuevo periodo de incertidumbres. Pero Juliano logra restablecer la calma, imponiendo el orden en la Galia. “Fue recibido con gran alegría por los habitantes de Arlés” precisa Hatt. “Los habitantes de la ciudad vieron en él una especie de genio tutelar, capaz de conjurar los desastres de los tiempos”. El “Apóstata” encauza la situación política, económica y financiera, restituye la justicia en su derecho. La Galia ama a su César, comparado a “un Sol que resplandece con serenidad en el cielo y disipa el horror de las largas tinieblas”.

La Galia romana vive sus últimos momentos felices bajo Graciano (375-383). Pero la situación se degrada de nuevo. La decadencia sigue su curso. En las fronteras, los alamanes están muy agitados. En la capital, el viejo espíritu romano no es más que un recuerdo. San Martín comienza la evangelización de los campos y aldeas. Por todas partes, los campesinos, los “pagani” (pagus, “campo”) rechazan abandonar la fe de sus padres y permanecen fieles a las divinidades de los ríos y de los bosques. Teodosio proscribe el paganismo bajo pena de muerte. Iglesias y monasterios se instalan para atravesar, intactos, la larga noche medieval.

Durante el siglo IV la frontera renana se derrumba. La Galia poco a poco, se disloca de la autoridad imperial. Hatt precisa: “La causa no es el nacionalismo galo, sino los desastres inherentes al sistema del bajo imperio”. En el 406, la irrupción de los vándalos, de los suevos y de los alanos pone término a las especulaciones. La Galia deja de ser romana.

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[Tr. de Santyago Rivas]

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Da oltre trent'anni, Alain de Benoist conduce metodicamente un lavoro di analisi e riflessione nel campo delle idee. Scrittore, giornalista, saggista, conferenziere, filosofo, ha pubblicato oltre 50 libri e più di 3000 articoli, oggi tradotti in una quindicina di lingue diverse. I suoi argomenti d'elezione sono la filosofia politica e la storia delle idee, ma è anche autore di numerose opere in materia di archeologia, tradizioni popolari, storia delle religioni e scienze umane.

  1. Alejandro Mar&iacute
    | Rispondi

    Qué bella escritura de Alain De Benoist. Su traductor, Santyago Rivas, ha sabido transmitir esa elegancia. ¿Hay mas para leer de De Benoist en castellano? Cordiales saludos.

    Alejandro María Cardoso Cerusico

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