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	<description>Archivio di storia, tradizione, letteratura, filosofia</description>
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		<title>El emperador Juliano</title>
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		<pubDate>Thu, 07 Apr 2011 09:23:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julius Evola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Juliano añoraba realizar el ideal "pagano" dentro de una jerarquía imperial estable y unitaria, dotada de un fundamento dogmático, un sistema de disciplinas y leyes y una clase sacerdotal.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style " addthis:url='http://www.centrostudilaruna.it/el-emperador-juliano.html' addthis:title='El emperador Juliano '  ><a class="addthis_button_facebook_like" fb:like:layout="button_count"></a><a class="addthis_button_tweet"></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/evola48x48.JPG" width="48" height="48" alt="" title="Julius Evola" /><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/storia-antica.JPG" width="48" height="48" alt="" title="Storia antica" /><br/><p style="text-align: justify;"><img class="alignright size-full wp-image-7205" style="margin: 10px;" title="giuliano" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/uploads/giuliano.jpg" alt="" width="125" height="168" />Es alentador dar con trabajos eruditos que van más allá de los prejuicios y distorsiones que caracterizan la mayoría de los puntos de vista de los historiadores contemporáneos. Este es el caso de Raffaello Prati, quien ha traducido al italiano e introducido al público los escritos especulativos del emperador romano Juliano Flavius, titulados colectivamente <em>&#8220;De dioses y hombres&#8221;</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Es destacable que Prati empleara el término <em>&#8220;emperador Juliano&#8221;</em> en lugar de la expresión predominante de <em>&#8220;Juliano el apóstata&#8221;</em>. El término &#8220;apóstata&#8221; es difícilmente apropiado en este caso, puesto que más bien debería ser aplicado a aquellos que abandonaron las sagradas tradiciones y los cultos que eran el verdadero alma de la antigua grandeza de Roma y a quienes aceptaron una fe nueva, que no era la de la estirpe romana o latina sino de un origen asiático y judío. De este modo, el término &#8220;apóstata&#8221; no debería caracterizar a aquellos que, como Juliano Flavius, osaron ser fieles al espíritu de la tradición, tratando de reafirmar el ideal solar y sagrado del imperio.</p>
<p style="text-align: justify;">La lectura de los textos publicados, que fueron escritos por Juliano en su tienda de campaña, entre largas marchas y batallas (como tratando de sacar nuevas energías de su espíritu para afrontar eventuales dificultades), debería de servir de provecho a los que siguen la corriente de opinión que define el paganismo, en sus componentes religiosos, como más o menos sinónimo de superstición. De hecho, Juliano, en su intento por restaurar la Tradición, opuso al cristianismo una visión metafísica. Los escritos de Juliano nos permiten ver, tras los elementos alegóricos y externos de los mitos paganos, una substancia de calidad superior.</p>
<p style="text-align: justify;">Juliano es muy directo cuando escribe:</p>
<p style="text-align: justify;"><em>&#8220;Siempre que los mitos sobre asuntos sagrados sean absurdos según el pensamiento racional, siendo gritados en voz alta, como lo fueron, nos llaman a no creerlos literalmente, sino a estudiarlos y seguirles la pista de su significado oculto&#8230; Cuando el significado es expresado incongruente hay una esperanza de que los hombres descuiden el significado más obvio (aparente) de las palabras, y que la pura inteligencia pueda ascender a la comprensión de la naturaleza inequívoca de los dioses que trasciende todos los pensamientos actuales&#8221;.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-full wp-image-7209" style="margin: 10px;" title="giuliano" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/uploads/giuliano1.jpg" alt="" width="231" height="235" />Este debería ser el principio hermético empleado por los que estudien los antiguos mitos y teologías. No obstante, cuando los eruditos utilizan términos despreciativos como &#8220;superstición&#8221; o &#8220;idolatría&#8221;, vienen a demostrar que son cerrados de mente y de mala fe.</p>
<p style="text-align: justify;">Por lo tanto, en la reevaluación de la antigua tradición sagrada de Roma, intentada por Juliano, es el punto de vista esotérico de la naturaleza de los &#8220;dioses&#8221; y su &#8220;conocimiento&#8221; el que finalmente importa. Este conocimiento corresponde a una realización interior. Desde esta perspectiva, los dioses no son retratados como invenciones poéticas o como abstracciones de teologías filosóficas, sino más bien como <em>los <a title="simbolos" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli/">símbolos</a> y las proyecciones de estados trascendentes de consciencia</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">De este modo, el mismo Juliano, como iniciado en los misterios de Mitra, vio una estrecha relación entre un conocimiento superior de uno mismo y la vía que conduce al <em>&#8220;conocimiento de los dioses&#8221;</em>; esta es una noble meta que a él no le impidió decir que incluso el dominio sobre las tierras de Roma y las bárbaras palidece en comparación.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto nos lleva de nuevo a la tradición de una disciplina secreta a través de la cual el conocimiento de uno mismo es transformado radicalmente y fortalecido por nuevos poderes y estados internos, que son simbolizados en la teología antigua por varios <em>numina</em>. Esta transformación se dice que ocurre tras una preparación inicial, consistente en vivir una vida pura y en la práctica del ascetismo y finalmente recibiendo experiencias especiales que están determinadas por ritos iniciátorios.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/843707102X/ref=as_li_ss_tl?ie=UTF8&amp;tag=cestlaru01-21&amp;linkCode=as2&amp;camp=3626&amp;creative=24822&amp;creativeASIN=843707102X" rel="nofollow" target="_blank"><img class="alignright size-full wp-image-8235" style="margin: 10px;" title="contra-els-galileus" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/uploads/contra-els-galileus.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a>Helios es el poder al cual Juliano dedica sus himnos, cuyo nombre invoca incluso en sus últimas palabras, cuando muere al ponerse el sol en un campo de batalla en Asia Menor. Helios es el sol, el cual no es concebido como un cuerpo físico, sino más bien como un <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli/">símbolo</a> de una luz metafísica y un poder trascendente. Este poder se manifiesta en la humanidad y en aquellos que han sido regenerados, como soberano <em>nous</em> y como una fuerza mística de lo alto. En los días antiguos e incluso en la misma Roma, a través de la influencia persa, se consideraba que esta fuerza estaba estrictamente asociada con la dignidad real. El auténtico significado del culto imperial Romano que Juliano intentara restaurar e institucionalizar por encima de y contra el cristianismo, sólo puede ser apreciado dentro de este contexto. El motivo central en este culto es: el auténtico y legítimo líder es el único que está dotado de una superioridad sobrenatural ontológica y el cual es imagen del rey del cielo, llamado Helios. Cuando esto ocurre (y sólo entonces), la autoridad y la jerarquía están justificadas; el <em>regnum</em> es santificado; y un centro luminoso de gravedad viene a fundarse, el cual atrae hacia sí a un número de humanos y fuerzas naturales.</p>
<p style="text-align: justify;">Juliano añoraba realizar este ideal &#8220;pagano&#8221; dentro de una jerarquía imperial estable y unitaria, dotada de un fundamento dogmático, un sistema de disciplinas y leyes y una clase sacerdotal. La clase sacerdotal se suponía tener como líder al mismo emperador, el cual, habiendo sido regenerado y elevado por encima de las meras condiciones mortales gracias a los Misterios, encarnaba simultáneamente la autoridad espiritual y el poder temporal. De acuerdo con este punto de vista, el emperador era tenido como el <em>Pontifex Maximus</em>, un término antiguo recuperado por Augusto. Los presupuestos ideológicos sobre los que se fundamenta la visión de Juliano, son: 1) la naturaleza, es entendida como formada por un todo armonioso y penetrada por fuerzas vivas pero invisibles; 2) un monoteísmo profesado por el estado; 3) un cuerpo de &#8220;filósofos&#8221; (sería más apropiado llamarles <em>hombres sabios</em>) capaces de interpretar la teología tradicional de la antigua Roma y de actualizarla mediante ritos iniciáticos.</p>
<p style="text-align: justify;">Esta visión está en duro contraste con el temprano dualismo cristiano, ejemplificado por la frase de Jesús que dice: &#8220;dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César&#8221;. Esta frase lleva finalmente al cristianismo a rechazar rendir homenaje al emperador en ningún otro rol que no sea el de un gobernante. Este rechazo, ocasionalmente, fue considerado como una manifestación de anarquía y de subversión, y culminó en la persecución estatal contra los cristianos.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.amazon.es/gp/product/8435025993/ref=as_li_ss_tl?ie=UTF8&amp;tag=cestlaru01-21&amp;linkCode=as2&amp;camp=3626&amp;creative=24822&amp;creativeASIN=8435025993" rel="nofollow" target="_blank"><img class="alignleft size-full wp-image-8236" style="margin: 10px;" title="juliano-el-apostata" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/uploads/juliano-el-apostata.jpg" alt="" width="240" height="240" /></a>Desgraciadamente el tiempo no estaba maduro para la realización del ideal de Juliano. Una realización semejante habría requerido la participación activa, mediante sinergía, de todos los estratos de la sociedad así como un relanzamiento de la antigua <em>Weltanschauung </em>en términos más vibrantes. En lugar de esto, dentro de la sociedad pagana se dio una separación irreversible entre forma y contenido.</p>
<p style="text-align: justify;">Incluso el consenso que había conseguido el cristianismo fue un signo fatal de la decadencia de los tiempos. Para una amplia mayoría del pueblo, hablar acerca de dioses como experiencias internas o considerar los principios solares y trascendentes arriba mencionados como requisitos necesarios para el imperio era nada más que una ficción o mera &#8220;filosofía&#8221;. En otras palabras, lo que faltaba era una fundación <em>existencial</em>. Además, Juliano se engañó creyendo que sería capaz de transformar ciertas enseñanzas esotéricas en fuerzas formativas políticas, culturales y sociales. Debido a su verdadera naturaleza, esas enseñanzas estaban destinadas, no obstante, a caer únicamente dentro de la competencia de círculos restringidos.</p>
<p style="text-align: justify;">Esto no debería llevarnos a la conclusión de que, al menos en principio, existiera una contradicción entre la visión de Juliano y el ideal de un estado forjado en la aplicación de estos elementos espirituales y trascendentes. La misma existencia histórica de una sucesión de civilizaciones que fueron centradas en una espiritualidad &#8220;solar&#8221; (abarcando desde el antiguo Egipto y el antiguo Irán, hasta el Japón anterior a la II Guerra Mundial) debería demostrar que esta contradicción no existe en realidad. Debería decirse más bien que Roma, en tiempos de Juliano, carecía ya de la sustancia humana y espiritual capaz de establecer las conexiones y relaciones de participación que caracterizan a <em>una nueva jerarquía viva </em>que pueda crear un organismo imperial totalitario merecedor del nombre <em>pagano</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">El célebre texto de Dimitri Merezhkovsky, <em>Muerte de los dioses</em>, reúne de modo admirable y sugestivo el ambiente cultural de tiempos de Juliano con sus presagios de un <em>ocaso de los dioses</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Tras un largo paréntesis, algunos elementos de la antigua Tradición fueron destinados a resurgir. Gracias a la emergencia de las dinastías germánicas en las escenas de la historia europea, fue posible hablar de nuevo de <em>restauratio imperii</em>, en la forma del Sacro Imperio Romano Germánico medieval. Esto es cierto especialmente si consideramos la tradición gibelina que trató de reclamar para el Imperio, contra las demandas hegemónicas de la Iglesia de Roma, una dignidad sobrenatural no inferior a la que la misma Iglesia disfrutaba.</p>
<p style="text-align: justify;">Atendiendo a esto, es importante para un examen más de cerca tener en cuenta <em>lo que fue ocultado</em> en la <a title="literatura" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/letteratura/">literatura</a> caballeresca, en la así llamada <em>leyenda</em> imperial y también en otros documentos. He tratado de reunir e interpretar adecuadamente todas estas fuentes en nuestra obra <em>El misterio del Graal y la tradición gibelina del imperio</em>, año 1937.</p>
<p style="text-align: justify;">* * *</p>
<p style="text-align: justify;">Artículo originariamente publicado en el diario &#8220;Roma&#8221; el 17 de marzo de 1972 y posteriormente incluido en la recopilación publicada bajo el título de <em>Ultimi Scritti</em>, publicado en 1977 por Editorial Controcorrente. Publicado en la <a title="Biblioteca evoliana" href="http://juliusevola.blogia.com/">Biblioteca Evoliana</a>.</p>
<div class="addthis_toolbox addthis_default_style " addthis:url='http://www.centrostudilaruna.it/el-emperador-juliano.html' addthis:title='El emperador Juliano ' ><a href="http://www.centrostudilaruna.it//addthis.com/bookmark.php?v=250&amp;username=xa-4d2b47597ad291fb" class="addthis_button_compact">Share</a><span class="addthis_separator">|</span><a class="addthis_button_preferred_1"></a><a class="addthis_button_preferred_2"></a><a class="addthis_button_preferred_3"></a><a class="addthis_button_preferred_4"></a></div>]]></content:encoded>
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		<title>Roma e il &#8220;Natale solare&#8221; della tradizione nordico-aria</title>
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		<pubDate>Fri, 05 Dec 2008 09:54:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Julius Evola</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Nella tradizione aria, e a Roma in particolare, il tema del Natale ebbe una portata non soltanto religiosa e mistica, ma sacra, eroica e cosmica ad un tempo]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style " addthis:url='http://www.centrostudilaruna.it/roma-e-il-natale-solare.html' addthis:title='Roma e il &#8220;Natale solare&#8221; della tradizione nordico-aria '  ><a class="addthis_button_facebook_like" fb:like:layout="button_count"></a><a class="addthis_button_tweet"></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/evola48x48.JPG" width="48" height="48" alt="" title="Julius Evola" /><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/buddha.jpg" width="48" height="48" alt="" title="Religione" /><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/yggdrasil.thumbnail.jpg" width="48" height="48" alt="" title="Simboli e simbologia" /><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/storia-antica.JPG" width="48" height="48" alt="" title="Storia antica" /><br/><p style="text-align: justify;">Fra gli altri, a due risultati di non poco momento dovrebbe condurre la dottrina della razza sul piano spirituale: in primo luogo, con un ritorno alle origini, essa dovrebbe riportare alla luce i significati più profondi di tradizioni e di <a href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simboli</a>, che si sono oscurati nei corsi dei millenni, sì da non sopravviverne che frammenti sparsi, decaduti in consuetudini e in feste convenzionali. In secondo luogo — e non senza relazione a ciò — la dottrina della razza dovrebbe ridestare la sensibilità per una concezione vivente del mondo e della natura, a limitare il potere di quella razionalistica, profana, scientista e fenomenicista, da cui l’uomo occidentale è stato sedotto ormai da secoli. E, in ordine a questo senso vivente e spirituale delle cose e dei fenomeni, i migliori punti di riferimento possono essere dati soprattutto dalle concezioni «solari» ed eroiche, che le più antiche tradizioni arie ebbero in proprio.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignright size-medium wp-image-1342" style="margin: 10px;" title="Dies natalis" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/natalis.gif" alt="" width="253" height="223" />Ben pochi sospettano che le feste di questi giorni, che ancor oggi, nel secolo dei grattacieli, della radio, dei grandi movimenti di folle, si celebrano e nelle cosmopoli così come fra trincee, macchine di guerra e masse combattenti, continuano una tradizione remota, riportandoci ai tempi ove, quasi all’aurora dell’umanità, s’iniziò il moto ascendente della prima civiltà aria; una tradizione, in cui peraltro si espresse meno una particolare credenza degli uomini, che la gran voce delle stesse cose. Volendo qui dir qualcosa in proposito, va anzitutto ricordato un fatto da molti ignorato, vale a dire, che in origine la data del Natale e quella dell’inizio del nuovo anno coincidevano, non essendo questa data arbitraria, ma connessa ad un preciso avvenimento cosmico, al solstizio d’inverno. Il solstizio d’inverno cade, infatti, nel 25 dicembre, che è la data del Natale successivamente conosciuto, ma che nelle origini ha avuto un significato essenzialmente «solare». Ciò appare ancora in Roma antica: la data natalizia in Roma antica era quella del risorgere del Sole, dio invitto — <em>Natalis solis invicti</em> —. Con essa, come giorno del sole nuovo — <em>dies solis novi </em>— nell’epoca imperiale prendeva inizio l’anno nuovo, il nuovo ciclo. Ma questo «natale solare» di Roma del periodo imperiale, a sua volta, rimanda ad una tradizione assai più remota d’origine nordico-aria. Del resto, <em>Sol</em>, la divinità solare appare già fra i <em>dii indigetes</em>, cioè fra le divinità delle origini romane, ricevute da ancor più lontani cicli di civiltà. In realtà, come diremo, la <a title="religione" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/religione">religione</a> solare del periodo imperiale, in larga misura ebbe il significato di una ripresa e quasi di una rinascenza, purtroppo alterata da vari fattori di decomposizione, di un antichissimo retaggio ariano.</p>
<p style="text-align: justify;">Già la preistoria italica preromana è ricca di tracce del detto culto solare: carri solari, dischi radiati, stelle radiate, croci d’ogni tipo, non escluse le croci uncinate incise p. es. in asce arcaiche rinvenute in Piemonte e nella Liguria. Per tal via può constatarsi il passaggio, nell’Italia antichissima, della stessa tradizione, che lasciò fin dall’età della pietra tracce consimili lungo tutti gli itinerari delle grandi migrazioni ano-occidentali e nordico-arie. <a title="Simboli" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">Simboli</a>, segni, jerogrammi, notazioni calendariche o astrali rudimentali, figurazioni su vasi, armi od ornamenti, enigmatiche disposizioni di pietre rituali o di caverne, poi, più tardi, riti e miti sopravvissuti in civiltà più tarde, se studiati secondo i nuovi punti di vista propri all’indagine spirituale e razziale del mondo delle origini, forniscono peraltro testimonianze concordanti e univoche non solo circa la presenza di un culto solare unitario come centro della civiltà delle genti arie primordiali, ma altresì circa la speciale importanza che in esse aveva la data «natalizia», vale a dire quella del solstizio d’inverno, il 25 dicembre.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-1343" title="sol_invictus2" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/sol_invictus2.jpg" alt="" width="198" height="276" />Ad evitare degli equivoci, sarà però bene ricordare ad una certa classe dei lettori quel che in questa sede abbiamo già avuto occasione di rilevare, vale a dire, che parlando di un culto solare preistorico non si deve per nulla pensare a forme inferiori di una <a title="religione" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/religione">religione</a> «naturalistica»e idolatrica. E’ una fola, che l’antica umanità, e soprattutto quella della grande razza aria, divinificasse superstiziosamente i fenomeni naturali — vero è invece, che l’<a title="antichità" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/storia/storia-antica">antichità</a> concepì i fenomeni naturali essenzialmente come <a title="simboli" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simboli</a> sensibili di significati superiori, spirituali — quindi, più o meno come sostegni spontaneamente offerti ai sensi dalla natura per poter presentire questi significati trascendenti. Che le cose fra la parte meno qualificata di un dato popolo antico talvolta possano anche esser andate altrimenti, ciò può esser concesso, ma evidentemente prova così poco quanto il fatto non raro del passare in forma di superstizioni bigotte perfino in alcuni culti cristiani, in certe popolazioni incolte e fanatiche del Sud. Prevenuto così un noto malinteso, il significato simbolico d’espressioni arcaiche arie, come «luce degli uomini», o «luce dei campi» — <em>landa ljòme</em> — date al sole, deve risultare chiaro ,e si può anche comprendere, che lo stesso intero corso del sole nell’anno, con le sue fasi ascendenti e discendenti, si presentasse parimenti nei termini di un grandioso <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolo</a> cosmico. In questa vicenda solare il solstizio d’inverno costituì una specie di punto critico, vissuto secondo una particolare drammaticità nel periodo in cui le stirpi arie originarie ancora non avevano lasciate regioni, nelle quali era sopravvenuto il clima artico e l’incubo di una lunga notte. In tali condizioni, il punto del solstizio d’inverno — il più basso dell’eclittica — apparve come quello in cui la « luce della vita » sembrava estinguersi, tramontare, sprofondarsi nella terra desolata e gelata o nelle acque o fra le cupe selve, da cui però ecco che subito di nuovo si rialza a risplendere di nuovo chiarore.</p>
<p style="text-align: justify;">Qui sorge una vita nuova, si pone un nuovo inizio, si apre un nuovo ciclo. La «luce della vita», si riaccende. Sorge o nasce dalle acque l’«eroe solare». Di là dall’oscurità e dal gelo mortale viene vissuta una rinascita, una liberazione. Il simbolico albero del mondo e della vita si anima di nuova forza. E’ in relazione a tutti questi significati che già in tempi preistorici anteriori di millenni all’èra volgare una quantità di riti e di feste sacre andarono a celebrate la data del 25 dicembre, come data di nascita o rinascita, nel mondo così come nell’uomo, della forza «solare». Poco si sa che lo stesso tradizionale albero natalizio, ancora in uso in molti paesi e in parte anche in Italia, ma nella forma di una faccenda da bambini o, al massimo, da buone famiglie borghesi, è un’eco residuale proprio di quell’antichissima, severa tradizione aria e nordico-aria. Un tale albero, ricavato da un «sempre verde», <em>semper virens</em>, cioè da pianta che non muore nell’inverno, pino od abete, riproduce l’arcaico albero della vita o del mondo, che al solstizio d’inverno s’illumina di nuova luce, cosa espressa appunto dalle candelette che lo adornano e che vengono accese in quella data. E i «doni», di cui quell’albero è carico &#8211; oggi, semplici regali per bambini — raffiguravano effettivamente il simbolico «dono di vita» proprio alla forza solare che nasce o rinasce. Ma il momento in cui il <em>semper virens</em>, la pianta che non muore, si rinnova e si illumina è, nel <a title="simbolismo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolismo</a> primordiale, anche quello in cui, come si è detto, l’“eroe solare” sorge dalle acque allo stesso modo che, secondo un rito continuatosi fino al <a title="medioevo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/storia/medioevo">Medioevo</a> ghibellino dopo aver avuto una parte importante nelle leggende relative ad Alessandro Magno, l’albero cosmico è anche un albero «solare» avente un’intima relazione col cosiddetto «albero dell’impero» — <em>arbor solis</em>, <em>arbor imperii</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a rel="nofollow" href="http://www.internetbookshop.it/ser/serdsp.asp?shop=2317&amp;isbn=8827212248"><img class="alignright" style="border: 0pt none; margin: 10px;" src="../immagini/rivoltacontroilmondomoderno.bmp" border="0" alt="Julius Evola, Rivolta contro il mondo moderno" width="95" height="134" /></a>Ciò ci induce a considerare un altro aspetto assai interessante delle tradizioni in parola, per il quale vogliamo particolarmente riferirci all’antica romanità. Il mithracismo. o culto di Mithra, come è noto, è la tarda forma assunta dall&#8217;antica <a title="religione" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/religione">religione</a> ario-iranica (mazdea), in una formulazione particolarmente adatta per una mentalità guerriera. Diffusosi questo culto nella Romanità, sotto Aureliano la data del «natale solare o solstizio d’inverno», il 25 dicembre, si identificò a quella della celebrazione del <em>Natalis Invicti</em>, cioè della nascita di Mithra considerato come un eroe «solare».</p>
<p style="text-align: justify;">Circa il mithracismo a Roma, come si è accennato, sarebbe assai superficiale, se non addirittura grossolano, parlare <em>sic et sirnpliciter</em> di «importazioni» o «influenze orientali»: l’Oriente di quel tempo fu una cosa assai complessa, nella quale figuravano elementi molto eterogenei— ma fra di essi, indubbiamente, anche parti importanti e incorrotte del più antico retaggio spirituale delle genti arie e <a title="indoeuropei" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/storia/indoeuropei">indoeuropee</a>. Nei riguardi della relazione che fu stabilita fra Mithra e il «natale solare» romano, un noto studioso ebbe dunque a rilevare assai giustamente, che con questo non si venne ad un’alterazione, ma piuttosto ad un rinnovamento del calendario romano secondo quel suo antico aspetto astronomico e cosmico, che esso aveva avuto ai tempi primi di Romolo e di Numa e che conferiva alle feste il significato di grandi simboli nella coincidenza delle date di esse con grandi epoche della vita del mondo.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft size-medium wp-image-1344" style="margin: 10px;" title="fuoco-solstiziale" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/fuoco-solstiziale.jpg" alt="" width="245" height="300" />Dopo di che, è importante esaminare l’attributo di <em>invictus-aniketos</em> — dato a Mithra — all’eroe solare — e alla stessa forza solare nella nuova concezione romana. E’ un attributo « trionfale ». Nelle originarie tradizioni ario-iraniche e affini esso è l’attributo di ogni natura celeste e, eminentemente, del sole, in quanto luce che vince le tenebre, forza luminosa urànica su cui mai quelle della notte e della buia terra prevarranno. Ma, a Roma, noi vediamo che lo stesso epiteto <em>invictus</em> diviene titolo imperiale, cesareo, e noi sappiamo che mithracismo, più che esser culto di una divinità astratta, voleva «indurre » per così dire — la stessa qualità di Mithra negli iniziati, per mezzo di una certa trasformazione della loro natura. E’ in ciò evidente la tendenza a comprendere anche in modo simbolico e analogico l’attributo «solare», sì da poter farlo valere per l’uomo e, propriamente, a controsegnare il tipo e l’ideale di una superiore umanità —per non dire addirittura di una «superumanità». Come il sole risorge, perennemente vittorioso sulle tenebre, così pure, in una perenne vittoria interiore sulla natura mortale e istintiva si compie un essere, che una mistica virtù rende, in via normale, eminentemente atto alla funzione di re, di capo, di duce. E’ così che in Mithra, l’“eroe solare“, fu venerato a Roma un <em>fautor imperii</em>; è così che si stabilisce un’intima relazione del <a title="simbolismo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolismo</a> solare con le idee di regalità e di impero, nella loro più alta forma. Siffatta relazione ebbe particolare risalto nelle tradizioni eroiche delle antiche genti arie, e noi, in questa stessa sede, ne abbiamo già parlato trattando della dottrina mistica della «gloria». Non volendo ripeter, dunque, cose già dette, ci limiteremo a ricordare la presenza degli stessi significati nell’antica Roma. La <em>victoria Caesaris</em>, cioè la mistica forza trionfale che, nel <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolo</a> di una statuetta, dall’un Cesare veniva trasmessa all’altro, riflette esattamente le più antiche tradizioni ario-iraniche circa la regalità e il cosiddetto <em>hvarenò</em>: poiché, come già dicemmo nell’articolo ora ricordato, l’<em>hvarenò</em> valse come una misteriosa forza «solare» di invincibilità, e di «gloria», che investe i duci, fa di essi qualcosa di più che semplici uomini e li testimonia appunto con la loro vittoria.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignright size-medium wp-image-1345" style="margin: 10px;" title="mithra" src="http://www.centrostudilaruna.it/wp-content/mithra-300x279.png" alt="" width="300" height="279" />Un’antica effige romana di Sol raffigura questo dio simbolico con la destra levata nel gesto «pontificale» di protezione e con la sinistra che regge una sfera, <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolo</a> del dominio universale. In un’altra immagine si ravvisa però lo stesso dio che trasmette il globo all’imperatore, presso ad iscrizioni, le quali riferiscono appunto alla «solarità» la stabilità e l’<em>imperium</em> di Roma: <em>Sol conservator orbis</em>, <em>Sol dominus romani imperii</em>. Un altro medaglione particolarmente interessante reca nel retto l’imagine laureata dell’imperatore — con la testa, cioè, cinta del <em>semper virens</em>, della fronda imperitura: a tergo si ha il dio solare con la sfera, ma in più, vicino, una croce uncinata (che noi vediamo dunque presente anche in Roma antica) e la scritta: <em>soli invicto comiti</em> cioè: al dio solare, compagno invincibile. Ancora un’imagine conservata nel Museo Capitolino — ci mostra l’associazione del <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolo</a> di <em>Sol sanctissimus</em> con l’Aquila, con l’animale fatidico di Roma, che si pensava fosse anche quello, da cui lo spirito trasumanato degli imperatori morti veniva simbolicamente tratto dal rogo funerario in cielo. Testimonianze analoghe potrebbero esser facilmente moltiplicate. Non è azzardato dire, che esse ci parlano di un vero e proprio «mandato divino solare» quale anima viva di quella funzione imperiale cesarea, che, per noi, nel mondo antico, fu una specie di ultimo guizzo di significati arcaici a poco a poco perduti.</p>
<p style="text-align: justify;">Nella antica settimana romana il «giorno del sole» era il «giorno del signore» — e questo significato è sopravvissuto nei tempi successivi col termine di domenica, da <em>dominus</em>, signore, così come nella designazione germanica <em>sontag </em>o inglese <em>sunday </em>per lo stesso giorno di «festa» si e conservato letteralmente il significato di «giorno del sole» e, con esso, il riflesso dell’antica concezione solare ariana. Qualcosa della sapienza dei primordi sembra dunque essersi conservato, in un qualche modo, nella stessa festa attuale del Natale, per quanto la celebrazione dell’anno nuovo si sia da essa dissociata. Il <a title="simbolismo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolismo</a> della luce vi si mantiene — si ricordino p. es. le parole del prologo del <em>Vangelo di Giovanni</em>: <em>erat lux vera, quae illuminat omnem hominem venientem in hunc mundum </em>-così come l’attributo di «gloria», che appare poco più sotto. In tracce monumentali del primo periodo romanica lo stesso <a title="simbolo" href="http://www.centrostudilaruna.it/sezioni/temi/simboli">simbolo</a> della croce si unisce a quello solare.</p>
<p style="text-align: justify;">Nella tradizione aria e nordico-aria e nella stessa Roma lo stesso tema ebbe una portata non soltanto religiosa e mistica, ma sacra, eroica e cosmica ad un tempo. Fu la tradizione di una gente, alla quale la stessa natura, la stessa gran voce delle cose, parlò in quella data di un mistero di resurrezione, della nascita o rinascita di un principio non solo di «luce» e di nuova vita, ma anche di <em>imperium</em>, nel senso più alto e augusto del termine.</p>
<p style="text-align: justify;">* * *</p>
<p style="text-align: justify;">Tratto da <em>La difesa della razza</em> del 20 dicembre 1940.</p>
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		<title>Il sole come simbolo</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Jan 2000 20:35:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alberto Lombardo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Saggio sul significato simbolico del sole e sulle origini del nome]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="addthis_toolbox addthis_default_style " addthis:url='http://www.centrostudilaruna.it/solecomesimbolo.html' addthis:title='Il sole come simbolo '  ><a class="addthis_button_facebook_like" fb:like:layout="button_count"></a><a class="addthis_button_tweet"></a><a class="addthis_counter addthis_pill_style"></a></div><img src="http://www.centrostudilaruna.it/category-icons/yggdrasil.thumbnail.jpg" width="48" height="48" alt="" title="Simboli e simbologia" /><br/><p style="text-align: justify;"><a href="http://www.centrostudilaruna.it/tradizionesolare.html"><img class="alignright" style="border: 0pt none; margin: 10px;" src="http://www.centrostudilaruna.it/immagini/180x250tradizionesolare.jpg" border="0" alt="Tradizione solare" width="180" height="250" align="right" /></a> Giacomo Devoto definisce il latino <em>sol</em> come «parola antichissima, di ricca ancorché disturbata tradizione». Il termine originario <a href="http://www.centrostudilaruna.it/indoeuropei.html">indoeuropeo</a>, ricostruito dai linguisti e dai glottologi (in questo caso il Pokorny) è <em>*SÄWEL</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Questo tema si manifesta in modo più o meno incorrotto, oltre che nel latino <em>sol</em>, nelle aree <a href="http://www.centrostudilaruna.it/celti.html">celtica</a> e germanica: dall’irlandese <em>süil</em> (in questa lingua è stato anche ricostruito un <em>suli</em>, con valore di “occhio”, secondo la visione del sole quale “occhio del cielo”) al gallese <em>haul</em>, dal norreno, anglosassone e svedese <em>sol</em> al gotico <em>sauil</em> (e presupposto <em>*SÖWILA</em>).</p>
<p style="text-align: justify;">In lituano è <em>sáulé</em>, in antico slavo <em>slûnice</em>. Nelle aree aria e greca si assiste a un ampliamento in <em>–yo</em>: greco <em>hélios</em> (probabile parente ne è l’albanese <em>yll</em>), avestico <em>hvare</em>, sanscrito <em>suvar</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a rel="nofollow" href="http://www.internetbookshop.it/ser/serdsp.asp?shop=2317&amp;isbn=8815107630" target="_blank"><img class="alignleft" style="border: 0pt none; margin: 10px;" src="http://www.centrostudilaruna.it/immagini/introduzioneallalinguaeallaculturadegliindoeuropei.bmp" border="0" alt="Enrico Campanile, Bernard Comrie, Calvert Watkins, Introduzione alla lingua e alla cultura degli Indoeuropei" width="95" height="142" align="left" /></a> Nelle lingue moderne, la comunanza di origine si avverte ancora: dal provenzale, catalano, spagnolo e portoghese <em>sol </em>al francese <em>soleil </em>e dal tedesco <em>Sonne </em>all’inglese <em>sun</em>.</p>
<p style="text-align: justify;">Il <a href="http://www.centrostudilaruna.it/simboli.html">simbolo</a> del sole occupa una parte centrale in ogni tradizione. L’astro luminoso dà vita, luce e calore: è l’epifania suprema del divino. Rappresenta la gloria, lo splendore e il trionfo; le insegne delle legioni recarono la dicitura <em>soli invicto</em>.</p>
<p style="text-align: justify;"><a rel="nofollow" href="http://www.internetbookshop.it/ser/serdsp.asp?shop=2317&amp;isbn=8874350503" target="_blank"><img class="alignright" style="border: 0pt none; margin: 10px;" src="http://www.centrostudilaruna.it/immagini/vallilinguaggiosegreto.bmp" border="0" alt="Luigi Valli, Il linguaggio segreto di Dante e dei Fedeli d'Amore" width="95" height="145" align="right" /></a> Dante afferma che «non esiste cosa visibile, in tutto il mondo, più degna del sole di fungere da <a href="http://www.centrostudilaruna.it/simboli.html">simbolo</a> di Dio, poiché esso illumina con vita visibile prima se stesso, poi tutti i corpi celesti e terreni».</p>
<p style="text-align: justify;">Nel suo <em>Inno a Helios re</em> aveva scritto Giuliano Flavio Imperatore: «L’universo che vediamo dall’eternità sussiste intorno ad Helios, ed ha come sua dimora la luce che avvolge il mondo dall’eternità, e non ora sì e talvolta no, e nemmeno in modo diverso secondo i tempi, ma sempre nello stesso modo». Il suo sogno di restaurazione della spiritualità arcaica nel rinnovato culto del sole avrebbe dovuto presto naufragare, in realtà, nella marea della sempre più dilagante professione di fede nel Nazareno.</p>
<p style="text-align: justify;"><a rel="nofollow" href="http://www.internetbookshop.it/ser/serdsp.asp?shop=2317&amp;isbn=882721724X" target="_blank"><img class="alignleft" style="border: 0pt none; margin: 10px;" src="http://www.centrostudilaruna.it/immagini/uominiedei.bmp" border="0" alt="Giuliano Imperatore, Uomini e dei. A cura di Claudio Mutti" width="95" height="132" align="left" /></a> A Giuliano fece comunque eco, tra gli altri, Marziano Capella, che scrisse del sole: «Forza eccelsa del Padre ignoto, sua prima emanazione, scaturigine dei sensi, fonte dell’intelligenza, origine della luce, sede regale della natura, splendore e garanzia dell’esistenza degli dèi e occhio dell’Universo, fulgore dell’Olimpo splendente» (<em>Inno al sole</em>, da <em>Le nozze di Filologia e Mercurio</em>).</p>
<p style="text-align: justify;">Sul culto solare <a href="http://www.centrostudilaruna.it/sh.eliade.htm">Mircea Eliade</a> affermò che «molte ierofanie arcaiche del sole si sono conservate nelle tradizioni popolari, più o meno integrate in altri sistemi <a href="http://www.centrostudilaruna.it/religione.html">religiosi</a>»; e soprattutto che «sarebbe bene insistere sull’affinità della teologia solare con le <em>élites</em>, siano sovrani, eroi, iniziati o filosofi».</p>
<p style="text-align: justify;">Il potere dei <a href="http://www.centrostudilaruna.it/simboli.html">simboli</a>, in fondo, è così forte da poter ancora oggi parlare direttamente al cuore di chi li sappia ricevere: e il Sole ci comunica chiaramente ancor oggi, nella sua maestosa grandezza, l’impressione netta del divino che tutto avvolge.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>* * *</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Tratto da <em>La Padania</em> del 2 luglio 2000.</p>
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